«Definir la musicoterapia es parte integral de un musicoterapeuta», así empieza Defining Music Therapy, de Kenneth E. Bruscia. Ahora que la musicoterapia está llegando con fuerza a los hospitales españoles, creo que es necesario hacer pedagogía sobre el tema. Bruscia, uno de los autores de referencia en musicoterapia, dedicó más de 200 páginas para definir la disciplina y hablar de ámbitos de aplicación. Mi entrada en este blog tiene un cometido más humilde pero necesario; aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de musicoterapia en el ámbito hospitalario.

Hace poco en el «Curso avanzado para el tratamiento del dolor con musicoterapia», organizado por Agruparte en Vitoria, la musicoterapeuta norteamericana, Cheryl Dileo, nos comentaba algo que empezamos a ver ahora en los hospitales de aquí, y que ya hace décadas que se produce en su país (claro, nos llevan muchos años de ventaja). Es el hecho de que cada vez más músicos van a tocar a hospitales y, en ocasiones, se confunde su acción con lo que es la musicoterapia hospitalaria.

En la mayoría de casos es una cuestión de desconocimiento y se plantean dudas como: ¿si un músico hace musicoterapia?, ¿tocar en una sala de espera es musicoterapia?, ¿poner música mientras se está interviniendo quirúrgicamente a un paciente es musicoterapia? Claramente, ninguna de estas situaciones es musicoterapia y lo más preocupante es que confundir conceptos puede perjudicar al paciente.

MÚSICA Y MEDICINA

La primera aclaración importante que se debe hacer cuando hablamos de musicoterapia hospitalaria es separarla de lo que se denomina «Música y medicina» (Music Medicine). Como recogen los estudios Cochrane, en las intervenciones musicales en medicina, el paciente puede estar escuchando música grabada ofrecida por un profesional sanitario, pero no hay ni proceso terapéutico, ni una valoración y tampoco interviene un musicoterapeuta acreditado para llevar a cabo la sesión (Bradt, Dileo, Grocke & Magill, 2011).

Es cierto que hay intervenciones sanitarias que se acompañan de música grabada y, de hecho, existen estudios que prueban su efectividad (disminución de la ansiedad en el paciente o reducción del dolor), pero esto no es musicoterapia. Como tampoco lo son los conciertos en vivo en las salas de espera o que un músico interprete una pieza musical para un paciente. La música en directo como recurso para animar espacios comunes en hospitales, por ejemplo, pongamos el caso de un coro que acude para hacer un concierto de navidad, es una buena herramienta para generar comunidad y hacer pasar un rato saludable a los asistentes, sean éstos pacientes, familiares o profesionales sanitarios. En cambio, no sucede lo mismo si son músicos que acceden a habitaciones o unidades de cuidados intensivos, donde se necesitan de unos conocimientos para calibrar qué tipo de intervención precisa el paciente, tener unas habilidades para fomentar un vínculo, marcar unos objetivos y valorar si es realmente necesario que la persona reciba musicoterapia.

La musicoterapia es una disciplina eminentemente interactiva, se basa en el vínculo creado entre paciente y musicoterapeuta e implica un proceso terapéutico. En sesión, el paciente puede tocar instrumentos, también escuchar música o, por ejemplo, dejarse llevar por lo que suena en una improvisación musical en la que participan sus familiares. Para ello, hay diferentes técnicas (activas y pasivas) que aplicamos buscando conseguir los objetivos marcados a través de una valoración previa. Por otra parte, hay un proceso de evaluación para dar cuenta de que se están consiguiendo los objetivos. Se tiene que dar la suma de estos elementos para poder hablar de musicoterapia. Por tanto, tocar o poner una canción no es musicoterapia.

Standley (1986) expone los objetivos que se pueden trabajar con musicoterapia en el ámbito hospitalario:

  • Reducir la ansiedad, el trauma y el miedo a la enfermedad.
  • Trabajar sentimientos sobre la muerte, la discapacidad o las cicratices.
  • Trabajar conflictos interpersonales entre el paciente y sus seres queridos.
  • Reducir la depresión, la ansiedad, el estrés o el insomnio derivado de la enfermedad, el tratamiento o la recuperación.
  • Promover grupos de soporte entre pacientes para impulsar actitudes positivas y saludables.
LA MÚSICA ES UN TEMA SERIO

El pasado jueves 7 de febrero tuve la suerte de poder participar como ponente en el XXV Curso de Avances en Pediatría, celebrado en el Hospital Universitario de Son Espases. Ante una audiencia formada mayoritariamente por pediatras, mi meta fue explicar en qué consiste esta disciplina y dejar claro que la música es algo serio. Es un recurso potente a tener en cuenta, ya que trabajamos con personas. Con ella, con su ritmo, su melodía, sus silencios, podemos motivar reacciones físicas, emocionales, psicológicas y/o espirituales en el paciente. Por tanto, cuidado porque la música no es inocua. En este enlace, del blog de la musicoterapeuta Carla Navarro, puedes leer un caso de mala praxis con música en directo en una unidad neonatal.

Creo que la música debe entrar en los hospitales. Claro que tiene que llenar las salas de espera y que es muy bueno que se organicen conciertos para pacientes y familiares. Todos sabemos del poder que tiene la música y su experiencia en directo, pero esto no debe ser la causa de que mezclemos conceptos, porque con ello también va la salud de los pacientes.

¡FELIZ DÍA MUNDIAL DE LA MUSICOTERAPIA!

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bradt, J., Dileo, C., Grocke, D., & Magill, L. (2011). Music interventions for improving psychological and physical outcomes in cancer patients. Cochrane Database, 10; (8): CD006911. doi: 10.1002/14651858. CD006911. pub2.

Bruscia, K. (1998). Defining Music Therapy. (3º Ed.). EE. UU.: Barcelona Publishers.

Martí, P. Mercadal-Brotons, M (coord). (2010). Musicoterapia en medicina. Aplicaciones prácticas. Barcelona, España: Editorial Médica Jims.

 

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