Éste es un escrito personal, abierto, que busca mostrar y conectar contigo. No es un diario porque no me veo con la motivación de ir llenando mi blog de páginas personales día tras día, pero sí es cúmulo de pensamientos y sensaciones sobre Musicoterapia que iré soltando línea a línea. Apto para todos los públicos (no sólo para musicoterapeutas).

Estás ante una crónica de un confinado cuya profesión es la Musicoterapia. Sí, esa actividad que en España aún no está reconocida (todavía está lejos el milagro de un Colegio Oficial de Musicoterapeutas). Eso no quita que somos muchos los que trabajamos en instituciones: hospitales, colegios, geriátricos, asociaciones, etc. y que demostramos día a día la efectividad de esta terapia.

¿Cómo me siento como musicoterapeuta confinado? Pues… Imagínate… ¿cómo te sientes tú en casa? ¿A qué te dedicas? ¿Qué has tenido que dejar de hacer?

Yo me siento frustrado. No entiendo la Musicoterapia sin contacto, sin interacción. Muy poco… o nada de lo que veo sobre Musicoterapia en Internet, durante estos días, es Musicoterapia. La actividad de las redes sociales me ha dejado exhausto. El confinamiento me ha activado un diálogo interno que en Terapia Gestalt llamamos la voz del “perro de arriba” (el “deberías hacer” y opresora) en contraposición con la voz del perro de abajo (más complaciente y oprimida). Digamos que mi top-dog me tiene exhausto y no me ha quedado más opción que rendirme.

Creo que poco podemos hacer con Musicoterapia desde casa. Sí mantener vínculos ya creados. Yo mismo llevo a cabo algunas sesiones por videoconferencia (gracias ZOOM por tu opción de sonido de calidad) con familias en las que mi único objetivo es mantener el vínculo con ellas.

Poco podemos hacer desde la distancia, pero sí mantener vínculos ya creados.

Estos días las redes se han llenado de música. ¡Qué bueno, que grande! Una compañera compartía el otro día que, coincide, que justo todo lo que se retira de la enseñanza básica: pintura, música y movimiento, es exactamente lo que ahora nos da Vida.

Y es así como, en casa, bailamos al ritmo de Sabina cuando hacemos unas “panades” (típico manjar mallorquín en Semana Santa) o como uno se emociona en la ducha cuando vuelve a sentir esa batería de Led Zeppelin; John Bonham te saca de casa y te mete directamente delante de un escenario, moviéndote a ritmo, rodeado de gente, codo con codo.

Centro de operaciones de un mt confinado.

Esto es una crónica de un musicoterapeuta frustrado. Estos días salen muchas propuestas de compañer@s que ofrecen recursos musicales para usuarios con la mejor de sus intenciones. Juegos, propuestas, etc, ¿quién no se ha grabado tocando un instrumento para compartirlo con algún usuario? Yo sí lo he hecho. ¿Quién no ha propuesto una actividad de composición (songwriting) a través de Zoom? Yo sí lo he hecho. Pero… ¿esto es Musicoterapia? ¿Qué diría Kenneth Bruscia? Me encanta veros en balcones tocando y disfrutando de ello, pero… ¿y si tu vecino no necesita escuchar el Himno de la Alegría? ¿Te lo has planteado? Unos vecinos gritaban el otro día a un músico para que dejara de entonar que la “vida es un carnaval”. Nunca me gustó que quisieran obligarme a salir a bailar cuando no quería.

No es una crítica. Es un interrogante, un pensamiento. He leído frases de musicoterapeutas y también de otros terapeutas que me han ayudado mucho (léase Jeff Foster) y que van en esta línea del “dejar de hacer”. Estos días me cuesta más salir de mi caparazón, sostener al otro. Primero necesito sostenerme a mí, ¿seré mal musicoterapeuta? Sólo estando en contacto con tu herida, puedes después salir al paso del otro. No he dejado de acompañar a pacientes, usuarios y familias con las que mantengo contacto telemático. Haciéndolo desde la sinceridad y reconociendo el momento actual que nos toca vivir. Buscando mantener ese vínculo e intentando ofrecer una llama de luz y optimismo.

Sentirme frustrado es un regalo del que puedo aprender.

Siento que este confinamiento es un regalo para dejar “de hacer”. No es fácil. A mí me cuesta mucho. Pero es una oportunidad y un toque de atención. ¡Qué increíble el contacto de balcón a balcón a las ocho de la tarde! No deberíamos olvidar esto cuando salgamos de casa. Vecino de enfrente con el que he gritado “¡hola fondo norte!”, me gustaría reconocerte por la calle y saludarte.

Las redes sociales me saturan y no hay Musicoterapia posible en ellas. Me he encontrado con propuestas interesantes, recursos pedagógicos muy buenos, y también con otras ideas que son tan obvias que pueden hacer pensar pensar al lector que “ahh ¿eso es Musicoterapia?… Pues yo también me se poner una canción y evocar recuerdos alegres”. Siento que como musicoterapeutas algunos se han disparado y que deberíamos entrar más en contacto con nuestra frustración. Yo estoy frustrado. Quiero y no puedo hacer y ¡qué bueno que es esto! Si te pasa como a mí, contacta con esa frustración, siéntela, es una tierra abonada de posibilidades.

Fantasía de un mt confinado.

¿Qué es la Musicoterapia? Es una disciplina basada en la evidencia científica, que usa la música como recurso terapéutico. Precisa de un musicoterapeuta titulado, de un proceso terapéutico y, claro está, de un paciente/cliente/usuario. Busca conseguir cambios en la persona. Dependiendo del ámbito de aplicación habrá unos u otros objetivos que son evaluados. Bueno, ahí queda, nuevamente definida esta profesión que para mí es un homenaje a lo humano.

Ahora que lo pienso, otro título para este artículo podría ser “Crónica de un musicoterapeuta en contacto con su frustración”. Sigo y seguiré acompañando a mis familias, usuarios y pacientes porque este confinamiento forma parte de la vida y del aprendizaje. Es un regalo. Pero eso no quita que echo de menos el contacto, la interacción sonora, la improvisación imperfecta, las miradas que no sean a través de retinas fluorescentes.

¡Echo de menos la Musicoterapia!

P.D. Cuando volvamos a salir, no importará si tenemos que improvisar a un metro de distancia porque, como intuyes, la música nos va a tocar sin tocarnos.

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